El concepto también aparece en las religiones abrahámicas, como en la tradición de la cábala en el judaísmo, mismo que se adquiere al meditar sobre las características del árbol de la vida, en el misticismo cristiano, y en la tradición sufi del islam.

La iluminación en el hinduismo se considera como la unión de la persona con todo el universo. Es decir, el sujeto que experimenta la iluminación se percibe a sí mismo como una parte integrante, y no separado del resto de la existencia, ya que para el hinduismo místico, todo es uno, no existe la dualidad, ni siquiera entre Dios y los hombres. Iluminación es darse cuenta de que estamos. El hinduismo sostiene que la iluminación se logra mediante:


  • Eercicios de respiración (pranayama),
  • Meditación en alguna forma de Dios,
  • Meditación en los chakras (círculos de energía espiritual),
  • Repetición de mantras,
  • Obediencia a un gurú (maestro espiritual),
  • Mantener posiciones de yoga
  • Según las líneas monásticas es necesario abandonar (sanniasa) todo apego a lo material (incluida la familia).

A partir del siglo I d. C., a través de los Padres de la Iglesia, la luz se transforma en un elemento metafísico relacionado con la verdad infundida por Dios.

Las antorchas, velas, candelabros, lámparas están integradas en las ceremonias religiosas. En Grecia ardía constantemente una lámpara de oro en el Erecteón de la Acrópolis. En Argos se enterraban bajo tierra lámparas encendidas para que alumbrara el camino de Perséfone por los infiernos.

En las iglesias de muchas religiones comienza la ceremonia encendiendo las velas y lámparas.

En el bautismo católico los padres llevan una vela que alumbra el camino hacia la luz. El día de difuntos, en muchas regiones, se tiene la costumbre de encender velas y lámparas de aceite. En los funerales se ponen cuatro velas (o lamparas actualmente) alrededor del ataúd y se encienden velas a las imágenes religiosas como una forma de solicitar sus favores.