La Senda Para el Camino de la Cura

Aquel que camina ama el silencio. Aquel que camina ama la soledad. Aquel que camina sigue los rumbos de la ley. Aquel que camina comulga con el corazón de sus semejantes. Aquel que camina se olvidó de sí. Aquel que camina se perdió para el mundo.

Aquel que camina se aferra únicamente a la fe. Aquel que camina se integra a la Gran Corriente. Aquel que camina se convierte en redentor de sus hermanos. La cura es vuestra senda. Asumid esa dádiva y sembradla con gratitud.

En esta época de transición muchos seres estaban destinados a trabajar como instrumentos de cura. Sin embargo, sus elecciones los retuvieron en etapas iniciales y, por eso, no podrán actuar conforme a lo previsto. Están aquellos que persistieron; entre ellos, algunos ya están activos, como terminales de la sublime corriente anclada en los planos concretos de la esfera material. Intenso es el trabajo de Nuestra Hermandad.

No hay límite de tiempo ni de espacio para Nuestra labor. La convocatoria es permanente, y por eso el estudiante no debe lamentarse por las faltas del pasado, sino avanzar con tenacidad. Los portales de Aurora se abren de par en par a aquellos que traen en sus centros el sello de la verdad. El fulgor de las esferas celestiales atrae las más bellas corrientes. El imán cósmico responde al llamado. No tengáis dudas: todo será para el Bien.

La verdad es la llama oculta en el interior de los seres. La enseñanza contiene ese fuego en sí misma y, por eso, cada uno reconoce en ella el propio camino. La cura corresponde al fortalecimiento de esa llama, y a la irradiación de su luz en los diversos niveles del ser. Por eso, el curador no se impresiona con la forma, rompe cadenas.

La ascensión es la senda de los elegidos. En una espiral flameante, el silencio latente despierta y recorre cada nivel del ser, quemando obstáculos, rompiendo velos. Es bello ver la ascensión del fuego, es bello ver la respuesta de la luz. La consciencia acoge en sí al infinito. El infinito es la pulsación de la unidad. La consciencia se integra de este modo a su Jerarquía.

Es bello ver el movimiento ascendente de los fuegos. Al actuar como curador, el ser se transforma en una hoguera ardiente, dirigida hacia el infinito.

En el servicio está la llave de la Instrucción y también el portal hacia universos más amplios. Muchos se quedan esperando estar preparados para poder servir, y no perciben que sería precisamente el servicio el que los prepararía para nuevos pasos. Nos referimos al servicio ardiente, a la abnegada entrega del ser a la evolución. Así como un arquero lanza a distancia su flecha, en la tensión flameante el servidor se lanza hacia el infinito. No hay límites para aquel que, con decisión, abrazó el llamado.

Extraído del libro "La formación de curadores" – Trigueirinho - Editorial Kier - Páginas 38, 92, 93 y 94


No hay comentarios:

Publicar un comentario